En los últimos meses se ha producido un cambio significativo en el entorno macroeconómico: la inflación ha ido disminuyendo y, tras un largo periodo de subidas de tipos de interés, hemos iniciado el ciclo de recortes de tipos. El Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo ya han comenzado a bajar los tipos, y se espera que la Reserva Federal de Estados Unidos siga su ejemplo de manera inminente.
La actividad en el mercado de futuros apunta a recortes de tipos en Estados Unidos de 200 puntos básicos para finales de 2025, pero, como siempre, estas previsiones están en constante cambio. Después de unos cuantos recortes de tipos de interés, si la economía estadounidense continúa creciendo, o incluso llega a acelerarse, tal y como ha ocurrido en episodios previos de aterrizaje suave, ¿desearía arriesgarse la Reserva Federal a sobrecalentar una economía que parece ir razonablemente bien?
Aunque estas dudas continuarán, lo que está claro es que la Reserva Federal y otros bancos centrales han señalado claramente su intención de recortar los tipos en los próximos años. Históricamente, estos cambios de tendencia en la política monetaria han afectado en gran medida a la rentabilidad de los mercados, por lo que justifican la reconsideración del posicionamiento defensivo de las carteras de inversión.
En los últimos años, se ha registrado una llamativa tendencia en el ámbito de la asignación de activos: una importante acumulación de las posiciones de efectivo en las carteras. Los activos del mercado monetario estadounidense se han duplicado con respecto a los niveles registrados antes del covid hasta superar actualmente los 6 billones de dólares; si incluimos los depósitos a plazo y otras alternativas al efectivo, esta cifra sería superior. Esta tendencia no se limita a Estados Unidos. Muchos otros países de todo el mundo han registrado también fuertes incrementos de sus inversiones en liquidez.
En las circunstancias adecuadas, unas asignaciones excesivas en liquidez pueden actuar como un elemento eficaz de contrapeso en las carteras de inversión. Así ocurrió, por ejemplo, cuando aumentó de la volatilidad de los mercados en 2022. En aquel momento, y por primera vez en casi cincuenta años, tanto los mercados de renta fija como los de renta variable registraron rentabilidades negativas y la liquidez destacó como la única clase de activo que ofreció una rentabilidad positiva.
Ante el cambio que ha registrado el entorno, los inversores deberían preguntarse si sigue teniendo sentido mantener esta gran acumulación de efectivo. A medida que la inflación disminuye y los bancos centrales avanzan hacia los recortes de tipos de interés, las ventajas de mantener estas grandes reservas de liquidez podrían ir remitiendo.
Por otro lado, la renta fija de gran calidad puede ofrecer ese elemento de contrapeso a las carteras de inversión, ofreciendo al mismo tiempo una mayor rentabilidad a medida que los precios de los bonos suben con la caída de los tipos. En otras palabras: estamos en un contexto en el que puede tener sentido volver a una asignación defensiva en renta fija más tradicional.