Tras varias décadas de globalización e interconexión crecientes, la tendencia se estabilizó tras la crisis financiera mundial. En la actualidad, algunos indicios apuntan a que podría estar retrocediendo.
Tanto si lo llamamos desglobalización como si utilizamos el término acuñado por el Fondo Monetario Internacional de «ralentización de la globalización» (slowbalisation en inglés), lo cierto es que la pandemia ha dejado al descubierto un nuevo contexto de comercio internacional. En este artículo analizamos tres de los factores (la fragmentación geopolítica, la necesidad de unas cadenas de suministro sólidas y la competencia por unos recursos escasos) que están impulsando la desglobalización a través de cuatro canales: la producción y el comercio, la inversión extranjera, las fricciones financieras y las restricciones tecnológicas.