Este año, los mercados financieros han mostrado una volatilidad similar a una montaña rusa. Los precios se han tambaleado a medida que los inversores trataban de valorar el aumento del riesgo geopolítico y el enfoque proteccionista «America First» del presidente Donald Trump respecto al comercio mundial.
Tras el «Día de la Liberación» de Trump, el S&P sufrió una caída del 20 %, aunque repuntó casi por completo en cuestión de semanas. Al mismo tiempo, los rendimientos del Tesoro estadounidense fueron igualmente volátiles, con subidas y posteriores caídas de casi 80 puntos básicos. ¿Qué pueden hacer los inversores para gestionar el riesgo de las carteras en medio de movimientos tan extremos del mercado?
Una lección importante que creemos que se puede extraer de esta volatilidad es la importancia de mantener una asignación defensiva sólida que ayude a suavizar los resultados de la cartera. Creemos que la deuda corporativa global con grado de inversión (GI) es un medio eficaz para que los inversores logren este objetivo, ya que esta clase de activos desempeña tres de las funciones clave que normalmente se espera de la renta fija: ingresos, preservación del capital y diversificación con respecto a la renta variable.
A finales de junio, la deuda corporativa global con grado de inversión ofrecía un rendimiento de alrededor del 5,2 % (con cobertura en USD). Históricamente, el rendimiento ha estado estrechamente correlacionado con la rentabilidad prevista a cinco años. Dicho de otro modo, si se mantienen los rendimientos actuales, los inversores que invierten en USD podrían esperar unos resultados anualizados de entre el 5 % y el 9 % durante los próximos cinco años.