Como cabría esperar, un gasto de tal magnitud ha suscitado ciertas dudas sobre si la inversión realizada acabará generando la rentabilidad adecuada, o si, por el contrario, se recordará como uno de los mayores excesos de gasto de la historia. En definitiva, la cuestión se resume en dos sencillas preguntas:
La inteligencia artificial va camino de convertirse en una de las tecnologías más disruptivas de nuestra generación, lo que sustenta un ciclo de inversión de gran envergadura y largo recorrido que los inversores no pueden pasar por alto.
Sin embargo, también debemos prestar atención a los riesgos que podrían retrasar el ritmo de desarrollo y adopción de la nueva tecnología. Los contratiempos que pudieran surgir en este sentido ponen en peligro la rentabilidad de la inversión de la que dependen cada vez más el nivel actual de gasto y las valoraciones, así como la economía en su conjunto.
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Esta reflexión se enmarca en nuestro análisis sobre cómo los cambios que se están produciendo actualmente en todo el mundo afectan a las oportunidades de inversión, una dinámica a la que hemos denominado la «gran reestructuración global».