La adopción de una perspectiva a largo plazo exige no perder de vista la diversificación ni la disciplina de valoración, así como mantener el foco en las compañías que se caracterizan por la solidez de sus beneficios y sus balances y por su capacidad de fijación de precios.
Al analizar las características que respaldan la renta variable estadounidense, identificamos tres pilares clave.
1. Primer pilar: ampliación del liderazgo del mercado de renta variable estadounidense
Durante algún tiempo, la rentabilidad de la renta variable estadounidense ha venido impulsada por un grupo reducido de compañías, en parte por el efecto de los flujos de capital hacia productos indexados, que favorecen de forma natural a las empresas de mayor tamaño. Esto ha resultado rentable para los inversores cuando el liderazgo de estas compañías ha funcionado, pero también ha hecho que las carteras de inversión quedaran expuestas a un posible cambio de tendencia en los mercados. La próxima fase podría ser diferente. El crecimiento de los beneficios se extiende cada vez más allá del sector tecnológico, hacia los sectores de los materiales, la industria, las finanzas y la sanidad, lo que apunta a un mercado cuyos fundamentales se están ampliando, no reduciendo.
2. Segundo pilar: la economía estadounidense continúa superando al resto de mercados desarrollados
Tras el impacto inicial de los aranceles, las perspectivas de la economía estadounidense han vuelto a orientarse hacia un crecimiento más estable y en línea con su tendencia. La economía sigue teniendo que hacer frente a ciertas dudas a corto plazo, como las relativas a las tensiones geopolíticas, la política comercial y el debilitamiento del mercado laboral; sin embargo, estos factores se ven contrarrestados por la inversión relacionada con la inteligencia artificial, el contexto fiscal y los incentivos de inversión, así como por un entorno normativo que fomenta la creación de empresas y el gasto de capital. En comparación con otros mercados desarrollados, Estados Unidos sigue estando bien posicionado para generar crecimiento de forma sostenida.
3. Tercer pilar: unas bases estructurales sólidas y sostenibles
Estados Unidos sigue beneficiándose de unas características estructurales que son difíciles de replicar: la profundidad de sus mercados de capitales, la solidez de su cultura de asunción de riesgos, la capacidad para transformar ideas en resultados y un sistema que reasigna con eficacia el capital y el talento.
La productividad refuerza aún más este argumento. Estados Unidos ha mantenido siempre una importante ventaja frente a otros mercados desarrollados, gracias a una economía que sigue siendo excepcionalmente adaptable y muy dinámica desde el punto de vista comercial. La sostenibilidad del liderazgo de mercado rara vez se basa solo en el sentimiento inversor: se sostiene en un ecosistema que continúa generando beneficios, innovación y reinvención a lo largo del tiempo.
Estas tres características apuntan a un mercado estadounidense que, no solo se ve respaldado por unos beneficios sólidos y una posición de liderazgo en innovación, sino también por una participación cada vez más amplia, capacidad de resistencia económica y unas bases estructurales duraderas. Los riesgos a corto plazo son reales y merecen atención, pero están acompañados de unas bases muy profundas que continúan marcando el camino. Y son esas características inherentes a la economía estadounidense las que seguirán siendo fundamentales para la siguiente fase de Estados Unidos.
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Esta reflexión se enmarca en nuestro análisis sobre cómo los cambios que se están produciendo actualmente en todo el mundo afectan a las oportunidades de inversión, una dinámica a la que hemos denominado la «gran reestructuración global».