Así pues, la inteligencia artificial podría reforzar el ya sólido ecosistema industrial del país, convirtiendo los avances tecnológicos en productos reales. «Muchas compañías están desarrollando robots humanoides para tareas de fabricación y logística, que pueden llevar a cabo las funciones que realizan los trabajadores en las fábricas y los almacenes», afirma Sugi Widjaja, analista de inversión en renta variable especializado en compañías tecnológicas asiáticas. «Cuentan con una clara ventaja en el ámbito del hardware y siguen realizando importantes avances en el del software, gracias a la experiencia adquirida en el sector de vehículos autónomos».
China pretende aumentar su influencia a escala mundial, así como su cuota de mercado, lo que ha llevado al país a adoptar un modelo de «pesos abiertos» que permite a los clientes utilizar su inteligencia artificial de manera segura. Los modelos de código abierto permiten acceder a los datos de entrenamiento y al código, mientras que los modelos de peso abierto no ofrecen dicho acceso. «Eso significa que las compañías estadounidenses pueden utilizar modelos más baratos de pesos abiertos sin tener que enviar datos a China. Acceden a ellos a través de proveedores de servicios en la nube como Amazon Web Services o Microsoft Azure, que alojan los modelos localmente y garantizan el cumplimiento de la legislación estadounidense en materia de datos y privacidad», explica Widjaja.
Coexistencia competitiva
En opinión de Kwan, más que un escenario marcado por el dominio de uno de los dos países, ambos sistemas podrían coexistir: los modelos estadounidenses más avanzados se reservarán las tareas más complejas y de mayor valor, mientras que los modelos chinos, más baratos, se encargarán del resto. «Es probable que las mejores compañías sigan eligiendo siempre el modelo más inteligente para aquellas tareas en las que una ventaja de rendimiento de entre el 10% y el 15% resulte importante y pueda traducirse con el tiempo en una ventaja competitiva. Pero, para tareas menos críticas, si el modelo chino ofrece un nivel de prestaciones suficiente, utilizarán el modelo chino», añade.
Casey coincide con ella, y señala que ya hay compañías que dirigen las consultas o los proyectos hacia la opción que ofrece el menor coste total. «Es posible que el coste por token de los modelos chinos sea menor, pero quizás también tengan que utilizar más tókenes para realizar una tarea con precisión. Por eso algunas compañías, como es el caso de OpenRouter, van alternando entre los distintos modelos en función de la tarea y del nivel de precisión que requiere».
Y añade: «Aún es pronto para saber quién se impondrá en términos de productividad e innovación, pero los dos sistemas coexistirán en un contexto marcado por las tensiones geopolíticas y la profunda desconfianza mutua. Por ejemplo, en el mercado de infraestructura como servicio, aunque algunas compañías chinas de internet como Baidu y Tencent ofrecen hoy unos precios muy bajos, su uso en Estados Unidos y Europa no está muy extendido».
¿Qué implica la carrera por la inteligencia artificial entre Estados Unidos y China para los inversores?
Pocas cosas han puesto más a prueba la confianza de los inversores en la sostenibilidad del auge de la inteligencia artificial en Estados Unidos como la aparición de los modelos chinos de pesos abiertos. «La inversión en inteligencia artificial tiene ya un peso relevante en muchas compañías cotizadas del mercado estadounidense, por lo que la competencia entre Estados Unidos y China en este ámbito seguirá generando volatilidad. Tendremos que seguir con atención cómo van evolucionando ambos países, ya que los dos avanzan a gran velocidad y dichos avances podrían tener importantes consecuencias en la sociedad y en las propias empresas», afirma Casey.
«Por el momento, los modelos chinos no han restado solidez a las perspectivas de desarrollo de la inteligencia artificial en Estados Unidos, aunque es posible que el ciclo de desarrollo de la nueva tecnología se esté acercando ya a la parte alta de la curva en S, en la que el crecimiento de la nueva capacidad se ralentiza pese a que la demanda continúa creciendo», explica. «Creo que, en algún momento, se producirá una transición hacia las compañías cuyo crecimiento esté más ligado al volumen total de infraestructuras de inteligencia artificial que ya hay en funcionamiento que a las que se vayan construyendo cada año. Un ejemplo de ello es Amazon Web Services. Otras, como Meta, podrían verse favorecidas por la caída de los precios de los chips de inteligencia artificial, que forman parte de sus costes de producción».
Franz concluye: «Como hemos podido comprobar en ciclos tecnológicos previos, a menudo las compañías que lideran las fases iniciales no mantienen dicho liderazgo en las fases intermedias o finales. Las posiciones van cambiando mucho, y resulta muy difícil predecir qué compañías van a acabar dominando el mercado. Por eso seguimos muy de cerca la evolución de la situación en Estados Unidos y realizamos análisis sobre el terreno en China».