Inteligencia artificial Estados Unidos y China compiten por el liderazgo en inteligencia artificial

Thomas Edison compitió en su momento con George Westinghouse. El programa Apollo nació como respuesta al Sputnik. La carrera actual por la inteligencia artificial entre Estados Unidos y China puede ser el ejemplo más reciente de cómo la rivalidad puede impulsar la innovación.

 

«La competencia es muy sana. Creo que la presencia de rivales potentes impulsará a los laboratorios de inteligencia artificial a innovar y a avanzar más deprisa», afirma Mark Casey, gestor de renta variable.

 

«Por ejemplo, la compañía china DeepSeek logró hacer más eficiente un enfoque de aprendizaje automático conocido como "mezcla de expertos", mediante el uso de técnicas que hoy aplican muchos de los grandes laboratorios de inteligencia artificial».

 

La estrategia de precios bajos que caracteriza al mercado chino, favorecida también por unos costes reducidos de la mano de obra y la energía, ha ayudado a la compañía a aumentar su cuota de mercado, aun cuando Estados Unidos continúa liderando la economía digital y las aplicaciones tecnológicas más avanzadas. En este artículo, analizamos el enfoque que aplican ambos países a la inteligencia artificial, las ventajas que podrían ayudarles a avanzar en el desarrollo de la nueva tecnología y las consecuencias que podría tener para los inversores la próxima etapa en su evolución.

El auge de la inteligencia artificial en Estados Unidos y China

Una tabla compara el desarrollo de la inteligencia artificial en Estados Unidos y China.

Fuente: Capital Group. Únicamente a efectos ilustrativos. Los «modelos de frontera» son sistemas de inteligencia artificial de última generación que cuentan con las capacidades más avanzadas disponibles actualmente. La «capacidad de computación nacional» hace referencia a los recursos de computación para inteligencia artificial ubicados y gestionados dentro de las fronteras de un país. Los «centros de datos a hiperescala» son grandes instalaciones que proporcionan la capacidad de computación necesaria para la inteligencia artificial y los servicios en la nube.

Estados Unidos: la ventaja del gasto

 

En un contexto marcado por las fuertes inversiones de capital por parte de las grandes tecnológicas estadounidenses, comienza a cobrar fuerza la posibilidad de alcanzar una «superinteligencia artificial».

 

«El enfoque que está aplicando Estados Unidos en el ámbito de la inteligencia artificial es muy distinto al de China, empezando por el volumen de inversión que el país está destinando al desarrollo de modelos capaces de ampliar las fronteras de esta tecnología», señala Jared Franz, economista de Capital Group.

 

«Anthropic, OpenAI y otras compañías estadounidenses buscan desarrollar sistemas de superinteligencia, que podrían transformar el crecimiento económico, acelerar los avances científicos y abordar algunos de los mayores problemas a los que se enfrenta la humanidad», añade. «Este enfoque sigue teniendo un carácter marcadamente especulativo y, aunque preocupa la posibilidad de acabar perdiendo el control de un sistema superinteligente, lo cierto es que Estados Unidos parece mostrarse más dispuesto a asumir el riesgo movido por el incentivo económico. No es que China haya abandonado este objetivo, pero sí que está priorizando la aplicación de la inteligencia artificial en el ámbito industrial».

Las tecnológicas estadounidenses gastan mucho más en inteligencia artificial que sus rivales chinas

Un gráfico de barras compara los gastos de capital de los hiperescaladores de Estados Unidos y China en 2025 y 2026. Se prevé que el gasto de capital de Estados Unidos aumente de 425.000 millones de dólares en 2025 a 791.000 millones en 2026, mientras que el de China pasaría de 57.000 millones a 118.000 millones de dólares.

Fuente: Capital Group, Bloomberg, FactSet. Estimaciones a 31 julio 2026. Capex: gastos de capital. Los datos se presentan en términos de año natural para facilitar la comparación entre compañías con distintos ejercicios fiscales. Las cifras de gasto de capital de ByteDance son las publicadas por Bloomberg. No se incluye el gasto público.

Las compañías estadounidenses de inteligencia artificial se han fijado un nuevo objetivo en su camino hacia una posible superinteligencia: la llamada «automejora recursiva». «Los investigadores llevan décadas tratando de conseguir que los modelos de inteligencia artificial sean capaces de mejorarse a sí mismos. OpenAI señaló recientemente que su modelo más avanzado había logrado mejorar un modelo más barato y de nivel básico. Se trata de un avance importante porque, cuando se alcance la automejora recursiva, podría producirse un fuerte aumento de la eficiencia y la productividad, junto con otras mejoras que podrían reducir el precio de los modelos», explica Franz.

 

No obstante, para tener un impacto en el mundo, no es necesario que la inteligencia artificial alcance la superinteligencia, ni siquiera que logre el objetivo, algo menos ambicioso pero aún muy exigente, de alcanzar un nivel de inteligencia comparable al del ser humano. «Si le preguntamos a cualquier persona que trabaje en Silicon Valley, nos dirá que la inteligencia artificial ya se aplica a todos los sectores y problemas imaginables», señala Franz. «Pese a las elevadas tasas de fracaso y a que no existe ninguna garantía de éxito, el capital riesgo sigue destinando fondos a compañías emergentes de inteligencia artificial con potencial para transformar el mercado».

 

Aún está por ver si las inversiones de miles de millones de dólares acaban dando sus frutos. No obstante, la historia parece indicar que, en aquellos ámbitos en los que ser el mejor marca la diferencia, quienes ocupan las primeras posiciones suelen obtener recompensas muy superiores. «La diferencia entre el mejor consejero delegado y el segundo mejor puede ser de diez a uno, no solo de dos a uno», afirma Casey. Para ello, menciona a directivos de primer nivel como Nick Howley, de TransDigm, o Hock Tan, de Broadcom. «Hay que pagar mucho más para contar con los mejores. Hay muchos ámbitos en los que ser el mejor y llegar antes marca la diferencia, y en los que se está dispuesto a pagar una prima por acceder a la tecnología más avanzada. Por eso es tan difícil determinar cuál será el futuro de los laboratorios de inteligencia artificial».

 

China: enfoque industrial

 

El enfoque de China en materia de inteligencia artificial se centra en las aplicaciones industriales de la nueva tecnología, lo que está directamente relacionado con uno de los puntos fuertes de la economía china: su capacidad para fabricar de forma eficiente y a gran escala.

 

«Estados Unidos persigue el desarrollo de modelos de última generación, y las compañías compiten entre sí para crear grandes modelos lingüísticos que puedan rivalizar con la inteligencia humana. China, por el contrario, en lugar de perseguir una inteligencia comparable a la del ser humano, se centra en el uso industrial de la nueva tecnología, como la conducción autónoma o la robótica», afirma Winnie Kwan, gestora de renta variable.

 

«Las necesidades de computación, por tanto, son también distintas, ya que las aplicaciones chinas de inteligencia artificial consumen muchos menos tókenes para compensar la menor disponibilidad de capacidad de computación de última generación en el país».

Economía de los tókenes: ventaja de costes de los modelos chinos de inteligencia artificial

Grandes modelos lingüísticos: rendimiento frente a coste

Fuente: Capital Group, llm-stats. El precio se basa en una proporción de 8:1 entre tókenes de entrada y de salida por cada millón de tókenes. La puntuación del modelo es un indicador compuesto basado en los resultados obtenidos en pruebas de razonamiento, programación, capacidades de agente y otros parámetros de referencia. Los tókenes son las unidades básicas de texto que procesan los modelos de inteligencia artificial y se utilizan habitualmente para medir el uso y determinar el precio de los servicios de inteligencia artificial. Información a 14 agosto 2026.

Así pues, la inteligencia artificial podría reforzar el ya sólido ecosistema industrial del país, convirtiendo los avances tecnológicos en productos reales. «Muchas compañías están desarrollando robots humanoides para tareas de fabricación y logística, que pueden llevar a cabo las funciones que realizan los trabajadores en las fábricas y los almacenes», afirma Sugi Widjaja, analista de inversión en renta variable especializado en compañías tecnológicas asiáticas. «Cuentan con una clara ventaja en el ámbito del hardware y siguen realizando importantes avances en el del software, gracias a la experiencia adquirida en el sector de vehículos autónomos».

 

China pretende aumentar su influencia a escala mundial, así como su cuota de mercado, lo que ha llevado al país a adoptar un modelo de «pesos abiertos» que permite a los clientes utilizar su inteligencia artificial de manera segura. Los modelos de código abierto permiten acceder a los datos de entrenamiento y al código, mientras que los modelos de peso abierto no ofrecen dicho acceso. «Eso significa que las compañías estadounidenses pueden utilizar modelos más baratos de pesos abiertos sin tener que enviar datos a China. Acceden a ellos a través de proveedores de servicios en la nube como Amazon Web Services o Microsoft Azure, que alojan los modelos localmente y garantizan el cumplimiento de la legislación estadounidense en materia de datos y privacidad», explica Widjaja.

 

Coexistencia competitiva

 

En opinión de Kwan, más que un escenario marcado por el dominio de uno de los dos países, ambos sistemas podrían coexistir: los modelos estadounidenses más avanzados se reservarán las tareas más complejas y de mayor valor, mientras que los modelos chinos, más baratos, se encargarán del resto. «Es probable que las mejores compañías sigan eligiendo siempre el modelo más inteligente para aquellas tareas en las que una ventaja de rendimiento de entre el 10% y el 15% resulte importante y pueda traducirse con el tiempo en una ventaja competitiva. Pero, para tareas menos críticas, si el modelo chino ofrece un nivel de prestaciones suficiente, utilizarán el modelo chino», añade.

 

Casey coincide con ella, y señala que ya hay compañías que dirigen las consultas o los proyectos hacia la opción que ofrece el menor coste total. «Es posible que el coste por token de los modelos chinos sea menor, pero quizás también tengan que utilizar más tókenes para realizar una tarea con precisión. Por eso algunas compañías, como es el caso de OpenRouter, van alternando entre los distintos modelos en función de la tarea y del nivel de precisión que requiere».

 

Y añade: «Aún es pronto para saber quién se impondrá en términos de productividad e innovación, pero los dos sistemas coexistirán en un contexto marcado por las tensiones geopolíticas y la profunda desconfianza mutua. Por ejemplo, en el mercado de infraestructura como servicio, aunque algunas compañías chinas de internet como Baidu y Tencent ofrecen hoy unos precios muy bajos, su uso en Estados Unidos y Europa no está muy extendido».

 

¿Qué implica la carrera por la inteligencia artificial entre Estados Unidos y China para los inversores?

 

Pocas cosas han puesto más a prueba la confianza de los inversores en la sostenibilidad del auge de la inteligencia artificial en Estados Unidos como la aparición de los modelos chinos de pesos abiertos. «La inversión en inteligencia artificial tiene ya un peso relevante en muchas compañías cotizadas del mercado estadounidense, por lo que la competencia entre Estados Unidos y China en este ámbito seguirá generando volatilidad. Tendremos que seguir con atención cómo van evolucionando ambos países, ya que los dos avanzan a gran velocidad y dichos avances podrían tener importantes consecuencias en la sociedad y en las propias empresas», afirma Casey.

 

«Por el momento, los modelos chinos no han restado solidez a las perspectivas de desarrollo de la inteligencia artificial en Estados Unidos, aunque es posible que el ciclo de desarrollo de la nueva tecnología se esté acercando ya a la parte alta de la curva en S, en la que el crecimiento de la nueva capacidad se ralentiza pese a que la demanda continúa creciendo», explica. «Creo que, en algún momento, se producirá una transición hacia las compañías cuyo crecimiento esté más ligado al volumen total de infraestructuras de inteligencia artificial que ya hay en funcionamiento que a las que se vayan construyendo cada año. Un ejemplo de ello es Amazon Web Services. Otras, como Meta, podrían verse favorecidas por la caída de los precios de los chips de inteligencia artificial, que forman parte de sus costes de producción».

 

Franz concluye: «Como hemos podido comprobar en ciclos tecnológicos previos, a menudo las compañías que lideran las fases iniciales no mantienen dicho liderazgo en las fases intermedias o finales. Las posiciones van cambiando mucho, y resulta muy difícil predecir qué compañías van a acabar dominando el mercado. Por eso seguimos muy de cerca la evolución de la situación en Estados Unidos y realizamos análisis sobre el terreno en China».

Mark Casey es gestor de renta variable y cuenta con 26 años de experiencia en el sector de la inversión (a 31 diciembre 2025). Está licenciado por la Universidad de Yale y tiene un MBA por Harvard. 

Winnie Kwan es gestora de renta variable y cuenta con 31 años de experiencia en el sector de la inversión (a 31 diciembre 2025). Tiene un máster y una licenciatura por la Universidad de Cambridge.

Sugi Widjaja es analista de inversión en renta variable y cuenta con 20 años de experiencia en el sector (a 31 diciembre 2025). Tiene un MBA por la Universidad de California (Berkeley) y una licenciatura por Universidad de Pensilvania.

Jared Franz es economista y cuenta con 20 años de experiencia en el sector de la inversión (a 31 diciembre 2025). Es doctor en Economía por la Universidad de Illinois de Chicago y licenciado en Matemáticas por la Universidad de Northwestern.

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