Vivimos un momento excepcional en los mercados. El nivel de concentración de muchos índices de renta variable ha aumentado de forma significativa.
Los datos hablan por sí solos. Las diez mayores compañías del índice S&P 500 representan casi el 40% del índice, un nivel que no veíamos desde mediados de la década de 1960. Las compañías relacionadas con los semiconductores representan ya casi el 20% del índice S&P 500. En los mercados emergentes, el grado de concentración es aún más acusado: solo tres compañías (TSMC, Samsung y SK Hynix) representan el 29% del índice MSCI EM.
En un contexto de creciente concentración de los mercados y de euforia inversora, consideré oportuno recordar al equipo de inversión de Capital Group cuáles son nuestras responsabilidades, lo que hice en colaboración Jody Jonsson, vicepresidenta de Capital Group, y Mike Gitlin, consejero delegado. Ahora me gustaría compartir con vosotros mis reflexiones al respecto.
Tal y como he comentado con mis compañeros, la misión de Capital Group es mejorar la vida de las personas a través de la inversión, lo que conlleva una gran responsabilidad. Los particulares, las familias y las instituciones nos confían sus ahorros para que les ayudemos a incrementar su patrimonio, generar rentas, financiar su jubilación, atender a sus beneficiarios y transmitir un legado duradero.
Para ello, debemos buscar resultados superiores a largo plazo ajustados al riesgo y aplicar la disciplina necesaria para proteger, hasta donde esté en nuestra mano, los ahorros de nuestros clientes durante episodios extremos de mercado. No deberíamos limitarnos a reflejar el perfil de riesgo de un índice cuando su grado de concentración o su nivel de valoración se alejan de lo habitual, algo cada vez más frecuente en los mercados de todo el mundo.
La estructura actual del mercado favorece la concentración
No estamos cuestionando la inversión en aquellas compañías que impulsan la era de la inteligencia artificial. Muchas de ellas son compañías extraordinarias, con buenas perspectivas a largo plazo. El problema es que, con los niveles de ponderación y valoración actuales, los índices de referencia, y las estrategias pasivas que los replican, dan por hecho cada vez más que acabará predominando un escenario determinado.
No es la primera vez que ocurre. A lo largo de la historia, siempre ha habido momentos en los que el liderazgo del mercado se ha concentrado alrededor de una narrativa especialmente atractiva sobre el futuro. A veces esta narrativa acaba cumpliéndose. Otra veces, esta tesis se cumple parcialmente, pero el mercado ya ha descontado un escenario ideal. Pero también hay veces en las que quienes más se benefician no son los que los inversores esperaban.
En 1980, los combustibles fósiles representaban el 29% del S&P 500; hoy son aproximadamente el 3%. En el punto álgido del auge de la renta variable japonesa de finales de la década de 1980, Japón llegó a representar el 44% del índice MSCI World; hoy se sitúa en torno al 5%. No se trata de comparaciones exactas, y la concentración no es un indicador que nos señale cuándo es el mejor momento para entrar y salir de los mercados. Pero nos recuerda que el grado de concentración de los índices de referencia puede ir aumentando cada vez más a medida que se afianza la convicción en torno a una temática dominante.