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Asuntos internacionales Cuatro consecuencias a largo plazo de la guerra de Irán

Cuando trabajé como diplomático de Estados Unidos, solíamos decir que la guerra es el fracaso de la diplomacia. La falta de avances concluyentes en las negociaciones iniciales que se han llevado a cabo en Islamabad pone de manifiesto la fragilidad de la diplomacia.

 

No obstante, como todas las guerras anteriores, esta también pasará, y está claro que lo hará mediante un acuerdo de paz negociado, y no con una rendición incondicional. El accidentado camino hacia la paz no ha hecho más que empezar en Islamabad, y era demasiado pedir que llegáramos a la resolución completa del conflicto con una única ronda de negociaciones.

 

Si pensamos que la estabilidad acabará llegando, ¿qué huella dejará esta guerra en el mundo? No parece probable que tras la guerra se acaben los conflictos en Oriente Próximo, ya que persistirán la profunda desconfianza y las tensiones entre Irán, Israel, Hizbulá, los países del Golfo y Palestina, que aún sigue sin tener Estado propio. Aun así, creo que la región acabará alcanzando una «nueva normalidad» que podría ofrecer cierta estabilidad y favorecer la recuperación gradual de la economía mundial.

 

Más allá de la propia región, la guerra de Irán ya ha introducido cambios geopolíticos de largo alcance. A continuación, explico cuáles son, en mi opinión, las cuatro consecuencias a largo plazo de la guerra de Irán:

 

1. Los puntos críticos económicos como arma geopolítica

 

La capacidad de Irán para controlar el estrecho de Ormuz con poco más que unos cuantos drones, minas y misiles de corto alcance demuestra lo fácil que resulta utilizar pasos marítimos estrechos como herramientas de presión. El estrecho de Ormuz es solo un ejemplo de paso estratégico en el que, por una simple cuestión de geografía y con una pequeña inversión en drones, los países pueden reivindicar su «soberanía» sobre un punto estratégico clave y hasta acabar paralizando las cadenas de suministro, causando así un enorme perjuicio a la economía mundial.

 

Los pasos marítimos naturales, como el estrecho de Taiwán y el estrecho de Malaca, son compartidos y están protegidos por el derecho internacional por razones de peso. La economía mundial depende de un tráfico marítimo previsible y de un acceso abierto. El control de cualquiera de estos pasos marítimos se traduce, en la práctica, en el control de recursos críticos. En el caso del estrecho de Ormuz, su cierre ha provocado el encarecimiento del petróleo y de otras materias primas, como los fertilizantes.

Los puntos críticos de la economía mundial

Una tabla de dos columnas recoge cuatro vulnerabilidades a escala mundial. La columna de la izquierda presenta cuatro puntos críticos estratégicos, mientras que la de la derecha ofrece contexto para cada uno de ellos. El primero, las rutas marítimas, señala que la interrupción de las principales rutas comerciales puede aumentar los costes e intensificar las presiones inflacionistas, con ejemplos como el estrecho de Ormuz y los principales canales. El segundo, los minerales de tierras raras, destaca la dependencia de un pequeño número de países para obtener insumos fundamentales para los vehículos eléctricos, la inteligencia artificial, la defensa y la electrónica. El tercero, la infraestructura espacial, describe las limitaciones derivadas de la escasez del espacio orbital, la capacidad de lanzamiento y el espectro radioeléctrico, y señala la concentración de satélites en órbita terrestre baja. El cuarto, los semiconductores, explica que la producción de chips depende de procesos especializados que actúan como cuellos de botella, por lo que la escasez puede agravarse rápidamente.

Fuente: Capital Group, BryceTech, ELectrolQ, Agencia Internacional de la Energía. Información a 31 marzo 2026. Bab el-Mandeb es un estrecho que tiene a Yemen a un lado y a Yibuti y Eritrea al otro. 

Parece ser que, antes del bloqueo naval estadounidense, Irán cobraba a los buques dos millones de dólares por atravesar el estrecho de Ormuz, pese a que durante mucho tiempo ha sido una vía marítima internacional de libre acceso. No creo que estos peajes tengan continuidad una vez que se restablezca la paz, ya que sentarían un precedente muy peligroso y muy difícil de aceptar por la comunidad internacional. Si se concediera a Irán algún tipo de control soberano o de derechos de peaje, se estaría abriendo la puerta a que otros países hicieran lo mismo en cualquier vía marítima o isla estratégica que se situara cerca de su territorio. Estamos en un momento en el que ya empezamos a acusar un notable deterioro del orden internacional basado en normas, por lo que una tendencia de este tipo aumentaría el riesgo de nuevas guerras, con el consiguiente perjuicio para la economía mundial.

 

El uso como arma geopolítica de otros tipos de puntos críticos es cada vez más común. Por ejemplo, la prohibición por parte de China de las exportaciones de minerales críticos y tierras raras suscitó ciertos interrogantes sobre su posible impacto en los sectores de la defensa, la automoción, la salud y la tecnología de consumo. Asimismo, la restricción del acceso de China a equipos especializados de fabricación de semiconductores otorga una ventaja competitiva a Estados Unidos y sus aliados.

 

2. La diversificación y la independencia energéticas son cuestiones vitales

 

Ante el bloqueo del petróleo en el golfo Pérsico, varios países, sobre todo en Asia, se han visto obligados a racionar el suministro de energía y a imponer restricciones similares a las de la época de la pandemia, como la obligación de trabajar desde casa. La guerra de Irán no ha hecho más que confirmar que la seguridad energética es una cuestión de seguridad nacional.

 

Pese al continuo auge de las energías renovables en China, Europa y otras regiones, el petróleo y el gas natural licuado seguirán siendo cruciales para la seguridad energética en el futuro inmediato. Creo que se construirán nuevos oleoductos, como el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí, con el fin de transportar petróleo por vías alternativas que permitan evitar el golfo Pérsico, a través de Arabia Saudí, Omán o incluso Turquía. Tardaremos varios años en construir una red de vías alternativas, pero con cada una de las nuevas rutas se irá reduciendo la capacidad de Irán para ejercer presión en torno al estrecho de Ormuz.

La seguridad energética impulsa la diversificación más allá del petróleo

Fuente: Capital Group y Administración de Información Energética de los Estados Unidos (US Energy Information Administration o EIA). BTU: unidades térmicas británicas. Los últimos datos disponibles son hasta 2024, a fecha de 31 marzo 2026.

La posición de Estados Unidos como el mayor productor de petróleo y gas del mundo y el hecho de que el dólar siga siendo la divisa de referencia en los mercados del petróleo siguen siendo factores fundamentales. No obstante, pese a la independencia energética de Estados Unidos, esta guerra confirma que el país no es inmune al súbito encarecimiento del petróleo, ya que los precios se fijan en el mercado mundial. Así, algunos países podrían optar por redefinir la cuestión de la seguridad energética para incluir una mayor variedad de fuentes de energía, con un mayor protagonismo, por ejemplo, de las energías renovables. Incluso en países como Japón observamos un renovado interés por expandir la capacidad nuclear.

 

La introducción por parte de China del petroyuán en 2018 provocó una cierta preocupación por la posibilidad de que el dólar fuera perdiendo su dominio como divisa de reserva internacional. Yo sigo siendo bastante escéptico al respecto. El renminbi sigue estando limitado por los controles de capital y su reducida convertibilidad, restricciones que no parece que Pekín tenga pensado aliviar de manera significativa a corto plazo. Es probable que los bancos centrales sigan diversificando sus posiciones en divisas con el fin de reducir la dependencia del dólar, pero no veo que haya ninguna otra divisa que tenga la capacidad de desplazar a la estadounidense como principal moneda de reserva mundial.

 

China ha logrado hacer frente a las primeras tensiones energéticas provocadas por la guerra. El país ha cerrado acuerdos con Irán en un contexto de escasez de suministro, además de llevar varios años acumulando grandes reservas estratégicas de petróleo. Aunque sigue siendo el país más contaminante del mundo, también ha realizado grandes avances en tecnologías de energías alternativas. China ha invertido cientos de miles de millones de dólares en fuentes de energías renovables, como la eólica y la solar, así como en energía nuclear y en capacidad de almacenamiento de energía. Se ha convertido en una potencia líder en vehículos eléctricos, que ya representan casi la mitad de los vehículos vendidos en China. En un contexto de escasez de recursos energéticos, el país puede incluso recurrir de manera temporal a un mayor uso del carbón nacional.

 

En el resto del mundo, es muy probable que los distintos gobiernos se planteen ampliar sus reservas de petróleo y gas natural, con el fin de reducir su dependencia del mercado al contado. Para los inversores, la guerra actual pone de manifiesto que ya no debemos considerar como algo excepcional la interrupción del suministro de energía vinculada a conflictos geopolíticos, y que podría ser necesario aplicar una prima de riesgo energético estructuralmente más elevada. Los conglomerados energéticos, como ExxonMobil, podrían verse favorecidos por este contexto, ya que su escala y su diversificación les permiten absorber estos impactos.

 

3. Los drones permiten a David plantarle cara a Goliat

 

La naturaleza de la guerra cambia con mucha rapidez, y uno de los peores errores que puede cometer un país es prepararse para una guerra del pasado, no para los conflictos del futuro. Las guerras de los últimos años en Ucrania, Azerbayán e Irán han demostrado que los drones son alternativas baratas, eficaces y escalables frente a otras armas más costosas. El poder asimétrico que los drones otorgan a naciones más pequeñas y con menor capacidad militar es algo con lo que van a tener que lidiar las grandes potencias. Tanto Ucrania como Irán han sustituido el poder naval tradicional por la capacidad de los drones para ejercer un sorprendente nivel de control sobre zonas marítimas clave (en este caso, el mar Negro y el estrecho de Ormuz), pese a enfrentarse a flotas muy superiores. De cara al futuro, es de esperar que las grandes potencias como Estados Unidos, China y Rusia realicen fuertes inversiones en tecnologías de defensa antidrones.

Los drones están redefiniendo el equilibrio de poder

Un gráfico de dispersión compara el alcance, la carga útil y el coste estimado de los misiles y drones utilizados por distintos países. Los misiles transportan cargas útiles notablemente superiores y tienden a ser mucho más caros, mientras que los drones llevan cargas mucho más reducidas pero logran un alcance significativo a una fracción del coste, lo que rebaja el umbral económico de la guerra.

Fuente: Capital Group, Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos. Los datos reflejan el límite superior de los rangos estimados de alcance, carga útil y coste, cuando procede. LRASM es un misil antibuque de largo alcance, JASSM es un misil aire-superficie de separación conjunta, y JASSM-ER es la versión de alcance extendido. Un dron LUCAS es un sistema de ataque de combate no tripulado de bajo coste. Información a 9 marzo 2026.

Se necesitan nuevas tecnologías tanto para contrarrestar como para librar guerras con drones, un método de estilo de guerrilla, descentralizado y difícil de neutralizar. Esta nueva necesidad afecta al gasto en defensa que, en mi opinión, podría mantenerse en niveles elevados en un contexto marcado por el deterioro del antiguo orden mundial, el debilitamiento de las alianzas tradicionales y la creciente desconfianza entre los países.

 

El debilitamiento de la OTAN también está provocando un aumento del gasto en defensa. La alianza se sostiene en la convicción de que un ataque contra uno de sus miembros es un ataque contra todos, y para que Estados Unidos se retire oficialmente de la OTAN es necesaria una ley del Congreso estadounidense. Pero todos estamos siendo testigos de las crecientes divergencias entre Estados Unidos y la OTAN, y la cuestión de Groenlandia y las tensiones derivadas de la guerra de Irán no han hecho sino aumentar las dudas sobre el estado de la alianza.

 

Es probable que, ante el deterioro de la confianza en la alianza, los países europeos, así como Japón y Corea, traten de reducir su dependencia de los sistemas armamentísticos estadounidenses. Francia ya ha anunciado su intención de aumentar su gasto en defensa en 36.000 millones de euros adicionales de aquí a 2030, de los que gran parte irán destinados a drones, munición y armas nucleares. Además, si los aliados comienzan a tener dudas sobre la credibilidad del paraguas estadounidense de seguridad nuclear, el riesgo de proliferación nuclear aumentará. Países como Corea del Sur, Japón, Polonia o Turquía podrían tratar de desarrollar capacidades de disuasión propias.

 

Desde la perspectiva de inversión, el aumento del gasto en defensa podría favorecer a ciertas compañías estadounidenses como Northrop Grumman y RTX, fabricante de sistemas avanzados de radar y defensa antimisiles. Los efectos podrían también extenderse más allá de Estados Unidos y favorecer a la compañía británica BAE Systems y a las alemanas Rheinmetall y HENSOLDT, fabricante de radares y óptica de precisión.

 

4. Estados Unidos no abandona la escena internacional: sigue tratando de influir en ella

 

Pese al debate sobre los principios que sustentan las políticas proteccionistas en Estados Unidos (conocidas como America First), la guerra confirma el hecho de que el país no se ha vuelto aislacionista y que seguirá teniendo un papel protagonista en la política mundial. La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos publicada en 2025 expresa el objetivo de concentrarse en el hemisferio occidental y reducir el peso estratégico de Oriente Medio en su política exterior, pero 2026 ya nos ha demostrado con creces que incluso bajo un mandato tan proteccionista como el del presidente Trump, Estados Unidos no duda en proyectar poder lejos de sus fronteras cuando están en juego sus intereses estratégicos. Su escala económica, su alcance militar y su protagonismo en los sistemas financieros internacionales hacen difícil la desvinculación de Estados Unidos del resto del mundo.

 

Basándose en el marco realizado por el equipo Night Watch de Capital Group, que realiza una planificación de escenarios, y no simples predicciones, creo que nos encontramos en el cuadrante «grandes potencias» del siguiente gráfico, con algunos elementos de «nacionalismo asertivo». 

Reajuste global: planificación de escenarios para un mundo en transición

Reajuste global: planificación de escenarios para un mundo en transición

Fuente: Capital Group. Los escenarios reflejan el análisis del equipo Night Watch de Capital Group a fecha de 15 abril 2026 y no son indicativos de resultados futuros.

El regreso de una era de grandes potencias similar a la del siglo XIX describe un mundo en el que las principales potencias (Estados Unidos, China y Rusia) amplían su poder e influencia a costa unas de otras sin llegar a provocar un conflicto militar directo entre ellas. Cultivan su relación con potencias intermedias (la India, Brasil, Oriente Próximo, Sudeste Asiático, etc.) y apoyan a terceros en conflictos vinculados a la rivalidad entre grandes potencias. Las potencias medias y pequeñas se mueven entre las grandes potencias, tratando de beneficiarse de su relación con unas y otras y de evitar la ira de todas ellas. Si existiera un verdadero orden basado en esferas geográficas de influencia, Estados Unidos se centraría en el hemisferio occidental. Irán está lejos de Estados Unidos, y eso demuestra, en mi opinión, que Estados Unidos nunca se conformará con tener simplemente una esfera de influencia regional. Le gustaría que China y Rusia se limitaran a sus respectivos entornos regionales, pero no aceptará este tipo de restricciones para sí mismo, ni siquiera bajo un gobierno proteccionista como el actual.

 

El camino que tenemos por delante, al menos durante los próximos diez años, vendrá marcado por la polarización, la incertidumbre y un mayor deterioro del orden liberal mundial de instituciones multilaterales que ha predominado desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Pese a las dificultades y a la posibilidad de que se produzcan nuevas crisis económicas y militares, creo que las grandes potencias tratarán de evitar una confrontación militar directa de consecuencias catastróficas entre ellas. Ese es un motivo para la esperanza que apunta a la construcción de un nuevo orden mundial y, con el tiempo, a una nueva normalidad de paz y estabilidad. Aunque el proceso de transición será a veces complicado, confío en que Estados Unidos y el mundo encontrarán la manera de superar este ciclo de cambio geopolítico. Gracias a sus características inherentes, como la ventaja competitiva a escala mundial de las compañías nacionales y su sólida cultura de innovación, Estados Unidos seguirá ocupando una posición de liderazgo mundial durante mucho tiempo.

Tom Cooney es asesor de política internacional y cuenta con 32 años de experiencia en asuntos exteriores (a 31 diciembre 2025). Es licenciado en Comunicaciones por la Universidad de Cornell y tiene un máster en Ciencias Empresariales Internacionales por la Universidad de Carolina del Sur. 

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