Escenario 1: superciclo de inteligencia artificial
En este escenario, la inteligencia artificial se integra en todos los sectores. Las compañías reorganizan sus flujos de trabajo, automatizan las tareas rutinarias y utilizan herramientas de inteligencia artificial para realizar labores operativas, analíticas y creativas. Los primeros indicios de aumento de la productividad y la caída del coste de capacidad computacional reducen la barrera que supone una adopción generalizada de la nueva tecnología.
Unas políticas favorables refuerzan la dinámica. Los gobiernos priorizan la competitividad, la productividad nacional y la importancia estratégica de los sectores vinculados a la inteligencia artificial, lo que favorece que se mantenga la inversión. La evolución de los marcos normativos permite la experimentación y el desarrollo de la tecnología, y las herramientas fiscales, ya sea en forma de incentivos, contratación pública o gasto en infraestructuras, contribuyen a eliminar los cuellos de botella y a acelerar un uso generalizado.
Se consolida asimismo un ciclo de inversión sostenido. La expansión de la capacidad de los centros de datos y la infraestructura relacionada impulsa la demanda de materias y equipos de elevado consumo eléctrico, mientras que la reducción del coste unitario de la capacidad de cómputo facilita que las compañías puedan hacer un uso cada vez mayor de la inteligencia artificial. La adopción generalizada viene acompañada en este caso de una orientación política expansiva y una financiación accesible, lo que hace que la interacción entre ambos ejes se refuerce mutuamente: el aumento de la productividad impulsa los beneficios empresariales, los beneficios impulsan la inversión y la inversión impulsa un mayor uso de la tecnología. El resultado es un periodo prolongado de crecimiento elevado y mejora de los márgenes.
Escenario 2: trayectoria equilibrada
En este escenario, la inteligencia artificial continúa avanzando, pero el ritmo difiere notablemente en función de la compañía y el sector. Algunas empresas aceleran su ritmo de adopción, mientras que otras avanzan con mayor prudencia ante el nivel de costes, las limitaciones energéticas, los problemas relacionados con la preparación de los datos o la incertidumbre normativa. El avance existe, pero se produce a un ritmo desigual. La trayectoria se parece más a una escalera tradicional que a una escalera mecánica.
Varias limitaciones prácticas contribuyen a este avance tan desigual. En algunos ámbitos, los costes de financiación se mantienen en niveles elevados o las prioridades de balance limitan la velocidad a la que las compañías pueden transformar sus procesos. En otros, las empresas siguen trabajando con sistemas obsoletos o tratan de adaptarse a la evolución de los marcos normativos, lo que retrasa la integración. El contexto político puede ser también muy diverso, y resultar favorable en algunos países o más prudente en otros. Estos factores no frenan el impulso, pero sí que dan lugar a un patrón en el que algunos sectores avanzan con rapidez, mientras que otros esperan a que la situación económica se aclare o a que el contexto político resulte más favorable.
Escenario 3: estallido de la burbuja
En este escenario, la inversión se adelanta a la rentabilidad generada, y el contexto político o las condiciones financieras resultan menos favorables. Unos costes de financiación más elevados, unos criterios más estrictos de concesión de crédito o un cambio en la percepción de riesgo hacen que resulte más complicado financiar nuevos proyectos. La situación fiscal puede volverse también más restrictiva, lo que lleva a los gobiernos a reducir su apoyo o a priorizar otros ámbitos. También puede intensificarse el control normativo, especialmente en sectores que se pueden ver afectados por problemas relacionados con la seguridad de los datos, la dinámica competitiva o el desplazamiento del empleo. El efecto de todo ello es el endurecimiento del contexto político, lo que intensifica la preocupación existente sobre la rentabilidad de la inversión.
Algunos centros de datos sufren retrasos y ciertos segmentos de la cadena de suministro de la energía y los semiconductores pueden registrar un exceso de capacidad a corto plazo. Las compañías reevalúan el ritmo de adopción de la inteligencia artificial y los inversores se inclinan por una mayor estabilidad. El riesgo principal no es tanto que la inteligencia artificial pierda fuerza, sino que la inversión se adelante a la realidad económica subyacente.
Los grandes proyectos financiados con deuda pueden desplazar a otras emisiones corporativas o generar focos de infraestructuras infrautilizadas. El mercado revisa los plazos de rentabilidad, lo que lleva a las compañías a retrasar sus planes de expansión y a centrarse más en la utilización que en el rápido desarrollo de la nueva tecnología.
Escenario 4: regreso a un mundo sin ChatGPT
En este escenario, la inteligencia artificial no llega a convertirse en el catalizador que muchos esperaban. La adopción sigue siendo marginal: se prueban las herramientas, se mejoran los cuadros de mando y se automatizan algunos flujos de trabajo, pero el cambio radical no llega a producirse. Las compañías experimentan, pero sin comprometerse del todo, ya que se ven frenadas por unos sistemas fragmentados, una infraestructura de datos desigual y una capacidad limitada para absorber el cambio. La inteligencia artificial demuestra ser útil en ciertos ámbitos, pero no llega a transformar el funcionamiento de las empresas, por lo que el aumento de la productividad es escaso y se limita a funciones aisladas, sin extenderse a la economía en su conjunto.
Pese al respaldo político y a unas condiciones de financiación favorables, el impulso se ralentiza. Los flujos de capital siguen estando disponibles, pero la inversión se dirige en mayor medida hacia tecnologías ya consolidadas que ofrecen una rentabilidad más clara. La liquidez impulsa los mercados, pero sirve más para alimentar el relato que la actividad real, y las valoraciones se desconectan cada vez más de las mejoras reales de eficiencia. El crecimiento sigue dependiendo de los factores de siempre y la inteligencia artificial desempeña un papel secundario, influyendo más en las expectativas que en los resultados. El resultado es un ciclo definido por el optimismo, pero sin que se produzca una verdadera transformación; un mundo en el que la inteligencia artificial importa, pero no lo suficiente como para marcar la diferencia a escala macroeconómica.
Consecuencias para los inversores
Los primeros indicios apuntan a que la expansión impulsada por la inteligencia artificial ya ha comenzado. Los datos comienzan a reflejar la mejora de la productividad, la inversión en infraestructuras relacionadas con la inteligencia artificial se mantiene en niveles elevados y el contexto político en las principales economías parece respaldar la innovación.
En este contexto, los datos parecen inclinarse hacia un escenario favorable, uno en el que aumenta la adopción de la inteligencia artificial, la productividad se va acumulando y se mantiene la inversión de capital en el desarrollo de la nueva tecnología. Pero no todo apunta en la misma dirección. Un escenario en el que la tecnología continúa avanzando, pero lo hace a un ritmo desigual, es perfectamente plausible, y siempre existe la posibilidad de que las expectativas superen a la rentabilidad o de que el ritmo de adopción se estabilice en una trayectoria más gradual. Cada escenario refleja un ajuste diferente de los dos ejes principales: el grado de adopción de la inteligencia artificial en el conjunto de la economía y la orientación favorable o restrictiva del contexto político y las condiciones financieras.
Para los inversores, el reto no está en elegir un único resultado, sino en atender a las señales que indican en qué dirección nos movemos a lo largo de ambos ejes: el ritmo de integración de la tecnología por parte de las empresas, los indicios de aumento duradero de la productividad, el ritmo de gasto de capital y la reacción de los responsables políticos a la evolución del ciclo. La inteligencia artificial avanza con rapidez; la economía se irá ajustando de manera más gradual. A medida que se vaya desarrollando el proceso de transición, resultará esencial prestar atención a los cambios que nos acercan a uno u otro escenario.