El segundo mandato del gobierno de Trump ha estado marcado por un énfasis renovado en los acuerdos comerciales bilaterales, el nacionalismo económico y el uso estratégico de aranceles como herramienta de presión. Aunque el gobierno estadounidense ha mostrado su deseo de llegar a acuerdos rápidos con sus principales socios, como es el caso de Japón, la incertidumbre que aún rodea a la duración y el alcance de los aranceles sigue siendo motivo de preocupación.
El enfoque negociador del gobierno de Trump ha colocado a Japón en una posición delicada, ya que le obliga a equilibrar sus intereses económicos con la alianza estratégica con Estados Unidos y su proximidad geográfica a China. La capacidad que muestre Japón para hacer frente a este dilema estratégico, manteniendo sus alianzas y preservando al mismo tiempo su autonomía económica, será lo que configure sus perspectivas de inversión en los próximos años.
El tipo arancelario medio del país sigue estando entre los más bajos del mundo, lo que apunta a la posibilidad de que las negociaciones con Estados Unidos sean productivas en un escenario de crecientes temores a una guerra comercial.