Los años de la pandemia nos enseñaron que, si se les da dinero a los consumidores estadounidenses, se lo van a gastar. A los estadounidenses no les gusta demasiado ahorrar. Los consumidores podrían embolsarse este año unos 100.000 millones de dólares en concepto de devoluciones fiscales, y se prevé que gran parte de este importe llegue a las cuentas bancarias a principios de las vacaciones de verano.
La media de las devoluciones fiscales que recibieron el año pasado los consumidores estadounidenses se situó ligeramente por encima de 3.000 dólares. Este año, y según las previsiones del Departamento de títulos del Tesoro estadounidense, la devolución media estará en torno a los 4.000.
Aumento de la productividad derivado de la inteligencia artificial
Por último, también necesitamos asistir a la recuperación del frente industrial de la economía estadounidense, que lleva tres años estancado. La recesión que está atravesando la actividad industrial en el país está siendo inusualmente larga y, en mi opinión, lo más probable es que no se prolongue mucho más en el tiempo. De hecho, ya estamos comenzando a ver indicios que apuntan al aumento de la inversión en existencias, a medida que la economía mundial, y la estadounidense, va acelerando el ritmo.
Por otra parte, muchas compañías están utilizando la inteligencia artificial para impulsar la productividad. En mi opinión, se trata de una tendencia que muchos inversores podrían estar subestimando. Es cierto que la inteligencia artificial está afectando a algunos trabajadores, sobre todo en los puestos de nivel más básico, pero también está aumentando enormemente la productividad de los trabajadores con más experiencia, lo que debería favorecer que dichos empleados fueran incrementando su nivel salarial con el tiempo.
Creo que estamos solo en las primeras etapas de este impulso a la productividad de las compañías estadounidenses. Ello me ha llevado a revisar al alza mi previsión de productividad para este año, del 2,5% anterior al 3%, y no me sorprendería que llegara a alcanzar el 4% en un escenario tecnológico similar al que vivimos en la década de 1990.
Un crecimiento del PIB del 2,8% es más realista
Aunque no veo imposible que la economía estadounidense pueda crecer un 5% este año, también hay muchos riesgos relacionados con esta previsión tan optimista. Es como si los mercados descontaran ya un escenario perfecto, sin margen para la inestabilidad que podría derivarse de las disputas comerciales, los conflictos geopolíticos, la debilidad del mercado laboral, el malestar social o las turbulencias de los mercados.
Dada la solidez que muestra la economía estadounidense, y sin perder de vista la posibilidad de que algún episodio geopolítico o interno afecte en algún momento al crecimiento, he revisado al alza mi previsión de crecimiento del PIB al 2,8% para el año 2026. Se trata de un porcentaje superior a la previsión de consenso y a mi propia estimación del pasado mes de diciembre.
La verdad es que me gusta situarme por encima de la opinión de consenso, por dos razones: la gran influencia del impacto electoral y el fuerte aumento de la productividad que la revolución de la inteligencia artificial está provocando en la economía estadounidense.