Franz enumera los cinco criterios que las compañías deben cumplir para beneficiarse del aumento de la productividad derivado de la inteligencia artificial.
- La tarea objeto de mejora debe incidir de forma significativa en el resultado global de la compañía.
- La mejora debe traducirse en un beneficio para la compañía y no quedarse únicamente en una ventaja individual para el empleado.
- El flujo de trabajo asociado debe poder escalar en paralelo a la mejora.
- El equipo directivo debe estar dispuesto a reorganizar los procesos de trabajo.
- La presión competitiva no debe forzar a la compañía a trasladar de inmediato esas mejoras a los clientes.
«Si falla alguno de estos criterios, la mejora de productividad a escala individual no se reflejará automáticamente en los beneficios de la compañía, la producción total o los datos macroeconómicos», afirma.
Franz cree que las ganancias de productividad derivadas de la inteligencia artificial no serán homogéneas, y que tendrán una evolución irregular en toda la economía. Algunas compañías experimentarán mejoras en toda la organización, especialmente en áreas como la atención al cliente, la tramitación de reclamaciones de seguros y determinados flujos de trabajo de software.
El impacto de la inteligencia artificial podría ser menor en otros segmentos de la economía. «El aumento de productividad derivado de la inteligencia artificial podría ser mucho menor en el trabajo jurídico y de asesoramiento de alto nivel, la salud y la medicina, así como en las organizaciones en las que lo más complicado no es producir más cosas, sino convertir el análisis en decisiones de calidad», concluye Franz.
Los sistemas de inteligencia artificial están muy lejos de la inteligencia humana
Según el gestor de renta variable Mark Casey, los sistemas de inteligencia artificial pueden llegar a superar en algunas pruebas a personas con doctorados, pero esa no es la clase de inteligencia que sustituye el trabajo humano. «Los sistemas de inteligencia artificial reconocen y generan patrones. No entienden realmente qué es una bicicleta, o un sillín de una bicicleta. Formulan conjeturas estadísticamente válidas, pero siguen siendo conjeturas».
Según Casey, la innovación en inteligencia artificial aún está lejos de poder sustituir de forma fiable a las personas en muchas tareas del mundo real. «Pequeños cambios en el contexto de juegos básicos como el tres en raya, o tareas que requieren entender cómo funciona el mundo, pueden dejar al descubierto sus limitaciones», afirma. Esto pone de manifiesto un amplio margen para que las personas puedan seguir aportando experiencia, comprensión del contexto y creatividad.
«Quienes trabajan con palabras y números pueden sentirse especialmente expuestos, ya que estas máquinas están optimizadas para generar texto y datos numéricos», explica Casey. «Pero el éxito no viene determinado por la capacidad de escribir o programar. Lo más difícil es descubrir qué quieren los clientes y cómo ofrecérselo».
La mayoría de los despidos no están relacionados con la inteligencia artificial
Es probable que las advertencias que anuncian un apocalipsis laboral impulsado por la inteligencia artificial sean exageradas. «Aún nos encontramos en las primeras fases de implantación de la inteligencia artificial, y muchas compañías no saben cuál será su impacto en la productividad de los trabajadores», afirma Steve Watson, gestor de renta variable.
«Yo me tomaría con bastante escepticismo las noticias sobre la pérdida de empleos relacionada con la inteligencia artificial. En términos generales, las razones que han provocado la reducción de plantilla tienen menos que ver con la inteligencia artificial y más con los fundamentales de la compañía en cuestión, como el aumento de la competencia y de las presiones sobre los costes».
Algunas compañías de los sectores de tecnología, comercio electrónico y finanzas reforzaron sus plantillas durante la pandemia para hacer frente al aumento de la demanda. Es probable que dichas compañías acabaran teniendo un exceso de trabajadores cuando la demanda se fue enfriando y los tipos de interés subieron. «A las empresas les ha venido muy bien la inteligencia artificial para justificar unos despidos que ya estaban motivados por el menor crecimiento de los beneficios y una pauta de gasto de los consumidores más normalizada», añade Watson.
«Los equipos directivos de las compañías están muy pendientes de la cotización de sus acciones y prefieren decir que están empezando a recoger los frutos de la puesta en marcha de la inteligencia artificial y que, por tanto, serán una compañía más eficiente, antes que reconocer que sus márgenes y algunas áreas de negocio pueden estar deteriorándose».
La programación asistida por IA tiene sus límites
El impacto que puede tener la inteligencia artificial en el mercado laboral es un tema que afecta a todas las empresas, sectores y regiones. Según el gestor de renta variable Rob Lovelace, las consultoras y las compañías de software se preguntan si sus clientes continuarán externalizando estos servicios.
La respuesta depende de a quién le preguntes. Los directores generales suelen señalar que la externalización y la contratación podrían disminuir, mientras que los responsables de tecnología tienen más dudas al respecto, afirma Lovelace. «Estos últimos están viendo que a lo mejor lo que necesitamos es contratar a otro tipo de consultores y trabajadores para que nos ayuden. Podría ser que la complejidad del trabajo se desplazara a otros ámbitos, y que las compañías necesiten contratar a más personas para hacer cosas distintas. En última instancia, la inteligencia artificial se traducirá en un notable ahorro de tiempo y en una mayor eficiencia, pero es posible que la reducción de puestos de trabajo sea mucho menor de la que todo el mundo espera».
Además, la mayoría de las personas no quieren hacerlo todo ellas mismas. Igual que una persona puede ver un vídeo de YouTube para desatascar un desagüe, pero llamará a un fontanero para que instale un calentador de agua en su casa, las empresas pueden utilizar herramientas de inteligencia artificial pero seguir recurriendo a expertos para asegurarse de que el trabajo importante se haga bien. «Aunque podamos acceder con mayor facilidad a la información, el deseo de experiencia, eficiencia y responsabilidad por los resultados hace que sean las personas las que siguen llevando las riendas», explica Lovelace.